Los papelitos: el nacimiento de un ritual

En el clásico Banfield-Quilmes de 1961 por primera vez se arrojaron papelitos para recibir a los equipos. Una iniciativa entre los dirigentes cerveceros y la empresa que fabrica la popular bebida.

Se transformó en un ritual, para acompañar y celebrar la salida de un equipo a la cancha. Arrojados al aire, de a puñados o en cantidades industriales, cortados a mano y de todas las formas posibles. Hubo tantos que hasta se libró una campaña mediática que enfrentó al Clemente dibujado por Caloi con el relator deportivo José María Muñoz en tiempos del Mundial de 1978. ¿Quién no tiró papelitos en un estadio de fútbol?. Hubo una primera vez y ocurrió hace 50 años.

Fue el 19 de agosto de 1961, cuando por la 19ª fecha del torneo de la Primera B, se enfrentaron Quilmes y Banfield en el estadio Florencio Sola. Una esperada edición de este clásico del sur bonaerense que despertó una enorme expectativa, reflejada en la presencia de casi 10 mil espectadores. No era para menos, ya que Quilmes nunca había ganado en esa cancha, en la cual había sumado apenas tres empates y ocho derrotas desde aquel primer duelo de 1939.

La iniciativa había comenzado unas semanas antes y se originó por un malentendido entre los dirigentes del club y las autoridades de la empresa cervecera, a quienes le habían solicitado un préstamo para adquirir una quinta que estaba sobre la calle Solís. El desvío de los fondos, fundamentalmente para cubrir los gastos destinados al fútbol y una recompensa de un premio especial a los jugadores por el lapso de cinco partidos (comprendía los partidos ante Nueva Chicago, All Boys, Banfield, Sportivo Dock Sud y Platense), generó un inesperado y forzado enfrentamiento entre las partes.

A un vecino, Hipólito Irigoyen, se le ocurrió una manera de limar asperezas. “Trabajaba en Ferrocarriles Argentinos, en Constitución, y todos los días pasaba por la sede de la Cervecería, en la calle Brasil. Charlé con un amigo y directivo, Capitti, para pedirle las etiquetas. Le pregunté cuántas podía darnos. Y me dijo que tenía disponibles 90 millones, porque como cambiaban el diseño (salía la Quilmes Bock) entonces todas esas pasaban a descarte. Se sorprendió cuando le pedí todas porque pensábamos utilizarlas en los distintos partidos”, comentó en una nota que publicó el Diario El Sol en febrero de 2001.

Sin embargo, la iniciativa estuvo a punto de truncarse. En el partido ante All Boys, jugado el 12 de agosto en Quilmes, algunos barrabravas capitaneados por Carlos Alberto de Godoy, conocido como el “Negro” Thompson (por el parecido físico al boxeador panameño Luis Federico Thompson, radicado en nuestro país), no dieron tiempo para que las etiquetas fueran repartidas entre todos los asistentes. “Se quedaron con todas, pensando que eran las únicas y no dejaron explicarles que había nada menos que 90 millones en paquetes de 3 mil etiquetas”, rememoró Irigoyen.

La cuestión se dirimió en el clásico ante Banfield, en Peña y Arenales. Otros dos emblemáticos simpatizantes, “Cuchillo” y “El Tigre”, se encargaron de llevarlas a la cancha en bolsas de arpillera. La gente de Banfield sabía que algo iba a pasar esa tarde y trató infructuosamente de evitarlo, advirtiendo que iban a quitárselas cuando intentaran ingresarlas. La picardía y el empeño de los hinchas quilmeños, pudieron más. El relato de Irigoyen es concluyente: “Todo el mundo se encargó de llevarlas en cualquier medio disponible, e incluso sobre la tribuna visitante, con un alambre y un gancho fuimos distribuyendo las etiquetas entre los hinchas. Cuando los de Banfield se avivaron, era tarde”.

Al salir Quilmes a la cancha, una nube de etiquetas curió durante varios minutos el cielo de Banfield. Se habían distribuído cerca de 2 millones. Para completar el festejo, Quilmes logró un histórico triunfo por 1-0 con un golazo de tiro libre del delantero Angel Eduardo Del Moro, quien clavó la pelota al ángulo del arco defendido por Ediberto Luis Righi.

La innovadora propuesta se repitió luego en los siguientes partidos de ese campeonato, por el que meses después Quilmes obtuvo el ascenso a Primera, tras habérsele restado 10 puntos al campeón Newell’s al comprobársele un caso de soborno. Entre las múltiples anécdotas se dice que José Salomón (ex defensor de Talleres de Remedios de Escalada y Racing, y ex capitán del seleccionado argentino entre 1941 y 1945), quien por entonces era comentarista radial, criticó con firmeza el uso de las etiquetas porque “ensuciaban el piso” y que la comuna de Rosario le envió un telegrama a la Cervecería por el que le aplicaba una multa económica de 20 mil pesos por haber realizado “una publicidad indebida” al haberlas arrojado en los encuentros ante Central Córdoba y Newell’s.

Esta nota apareció originalmente en el diario Clarín el 19 de agosto del año pasado, redactada por Walter Daniel Raiño.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en 1960-1969, Argentina, Profesionalismo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Comenta aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s