El partido de la muerte

Kiev, Unión Soviética. Principios de verano de 1941. Hitler está lanzado en su ofensiva suicida contra el Ejército Rojo y ha ocupado Ucrania. La capital está totalmente controlada por los alemanes. Muchos ciudadanos han muerto o han desaparecido en los ataques. Entre ellos, los jugadores del Dynamo de Kiev, uno de los punteros de la recién nacida URSS. Iosif Kordik es un panadero de la ciudad que puede mantener su negocio por ser de etnia alemana. Además, es un gran fan del Dynamo. Un día, paseando por su derruida ciudad, se encuentra a un deshauciado Nikolai Trusevich, el portero titular de su amado equipo. Emocionado ante tal hallazgo, arriesga su negocio y lo contrata para trabajar en su panadería. Al poco, Trusevich y Kordik deciden buscar en la caótica Kiev al resto de jugadores del Dynamo. Poco a poco, los van localizando, incluídos tres jugadores del otro equipo de la ciudad, el Lokomotiv, y Kordik los emplea en su panadería.

Kiev, bombardeada en la Segunda Guerra Mundial.

Una vez juntos, deciden volver a jugar. Como el Dynamo, por ser un equipo controlado por el Estado, había sido prohibido por los nazis, fundan uno nuevo que llaman FC Start (palabra que, curiosamente, significa lo mismo que en inglés, comienzo, principio). Gracias a algunos contactos, el Start consigue que se organicen algunos partidos de fútbol con escuadrones de soldados alemanes.

El Start jugó contra guarniciones húngaras, rumanas y alemanas, con los siguientes resultados en los seis primeros partidos: 6-2, 11-0, 9-1, 6-0, 5-1 y 3-2. Los alemanes empezaron a mosquearse, no sólo porque el Start ponía en entredicho la teoría nazi de la superioridad de la raza aria sobre la eslava, sino porque las victorias del equipo soviético estaban dando balones de moral a la población ocupada. Así que decidieron mandar a Kiev al Flakelf, un equipo formado por oficiales de la Luftwaffe, de más nivel. Pero pasó lo inevitable. El Start ganó 5-1.

En Berlín sonaron las alarmas y dieron la orden de matarlos a todos. Pero algún nazi lo pensó mejor y creyó que si hacían eso, la última imagen de los héroes del Start sería una victoria y su ejemplo sería utilizado en el futuro. Había que derrotarlos primero en el campo. Así, se organizó una revancha, fijada para el 9 de agosto de 1941.

Cartel publicitando el partido decisivo, escrito tanto en ucraniano como en alemán.

El clima ante el partido era muy tenso. Las autoridades nazis habían decidido que el árbitro sería un oficial de las SS que hablaba ruso, que antes del encuentro se dirigió a los jugadores del Start y les advirtió que al comenzar el encuentro debían de hacer el saludo nazi, con el brazo en alto. Los jugadores saltan al campo, el Start con camiseta roja y el Flakelf de blanco. En lugar de alzar el brazo, los futbolistas soviéticos se pusieron la mano en el pecho. Como en los partidos anteriores, el Start fue muy superior. Llegado el descanso, vencían 2-1, a pesar del juego duro de los alemanes, que repartieron patadas de manera impune durante los 45 minutos. Viendo que perdían, los alemanes decidieron poner las cosas claras. En el vestuario irrumpieron varios miembros del Ejército nazi, armados, que directamente les dijeron que si ganaban, morirían todos.

Aunque se les pasó por la cabeza no saltar al campo (el miedo es irracional), se miraron a las caras y saltaron, como unos valientes… y salieron a ganar. La apisonadora soviética se puso en marcha y al final del partido iban ganando ya 5-3. Cuando el partido agonizaba, uno de los jugadores del Start, Oleksiy Klimenko, cogió el balón, llegó hasta la línea defensiva alemana, regateó a quien le salió al paso, incluido el portero… y cuando estaba solo ante la meta, se dio la vuelta y chutó hacia el centro del campo, un gesto de burla y de superioridad total. El árbitro se apresuró a pitar el final antes de que se cumplieran los 90 minutos.

La gente en Kiev estaba loca de contenta, pero los nazis estaban dispuestos a cumplir su venganza. Dejaron que el Start jugara un partido más (que por cierto ganaron 8-0) y después, detuvieron a todos los miembros del Start, acusándolos de ser miembros de la NKVD, los servicios secretos soviéticos. Algunos de los jugadores murieron torturados poco después. Otros lo hicieron más adelante, en campos de concentración. Sólo sobrevivieron Fedir Tyutchev, Mikhail Sviridovskiy y Makar Goncharenko, que no estaban con el resto de sus compañeros en el momento de su detención. Gracias a ellos, la historia del FC Start se pudo conocer.

Tras ello, varios libros y películas recogieron la historia. En 1981, se erigió junto al estadio del Dynamo una escultura de homenaje a los héroes del Start. Y se dice que quien conserve una entrada del partido del 9 de agosto de 1941, tendrá un asiento asegurado para ver al Dynamo de Kiev.

Y hasta aquí la historia de un grupo de futbolistas que prefirieron morir antes que perder.

Monumento en honor a los jugadores del FC Start. Está ubicado en el mismo estadio en donde vencieron al Flakelf. En 1981, el estadio fue renombrado a Start Stadoin.

Gracias a Eduardo Casado Cerrato, redactor de la nota (tomado de aquí), como así también a Joel por hacerme conocer la historia.

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